domingo, 25 de diciembre de 2016
Porque tu no lee la Biblia .
La fuerza y el valor espiritual son necesarios para nuestra guerra y sufrimiento
espiritual. Los que desean demostrar que tienen la gracia verdadera consigo, deben apuntar a toda
gracia; y ponerse toda la armadura de Dios, que Él prepara y da. La armadura cristiana está hecha
para usarse y no es posible dejar la armadura hasta que hayamos terminado nuestra guerra y
finalizado nuestra carrera. El combate no es tan sólo contra enemigos humanos, ni contra nuestra
naturaleza corrupta; tenemos que vérnosla con un enemigo que tiene miles de maneras para engañar
a las almas inestables. Los diablos nos asaltan en las cosas que corresponden a nuestras almas y se
esfuerzan por borrar la imagen celestial de nuestros corazones. —Debemos resolver, por la gracia
de Dios, no rendirnos a Satanás. Resístidle, y de vosotros huirá. Si cedemos, él se apoderará del
terreno. Si desconfiamos de nuestra causa o de nuestro Líder o de nuestra armadura, le damos
ventaja. —Aquí se describen las diferentes partes de la armadura de los soldados bien pertrechados,
que tienen que resistir los asaltos más feroces del enemigo. No hay nada para la espalda; nada que
defienda a los que se retiran de la guerra cristiana. —La verdad o la sinceridad es el cinto. Esto
rodea todas las otras partes de la armadura y se menciona en primer lugar. No puede haber religión
sin sinceridad. —La justicia de Cristo, imputada a nosotros, es una coraza contra los dardos de la ira
divina. La justicia de Cristo, implantada en nosotros, fortifica el corazón contra los ataques de
Satanás. —La resolución debe ser como las piezas de la armadura para resguardar las partes
delanteras de las piernas, y para afirmarse en el terreno o caminar por sendas escarpadas, los pies
deben estar protegidos con el apresto del evangelio de la paz. Los motivos para obedecer en medio
de las pruebas deben extraerse del claro conocimiento del evangelio. —La fe es todo en todo en la
hora de la tentación. La fe, tener la certeza de lo que no se ve, como recibir a Cristo y los beneficios
de la redención, y de ese modo, derivar gracia de Él, es como un escudo, una defensa en toda forma.
El diablo es el malo. Las tentaciones violentas, por las cuales el alma se enciende con fuego del
infierno, son dardos que Satanás nos arroja. Además, los malos pensamientos de Dios y de nosotros
mismos. La fe que aplica la palabra de Dios y a la gracia de Cristo, es la que apaga los dardos de la
tentación. —La salvación debe ser nuestro yelmo. La buena esperanza de salvación, la expectativa
bíblica de la victoria, purifican el alma e impiden que sea contaminada por Satanás. —El apóstol
recomienda al cristiano armado para la defensa en la batalla, una sola arma de ataque, la cual es
suficiente, la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Somete y mortifica los malos deseos y
los pensamientos blasfemos a medida que surgen adentro; y responde a la incredulidad y al error a
medida que asaltan desde afuera. Un solo texto bien entendido y rectamente aplicado, destruye de
una sola vez la tentación o la objeción y somete al adversario más formidable. —La oración deben
asegurar todas las demás partes de nuestra armadura cristiana. Hay otros deberes de la religión y de
nuestra posición en el mundo, pero debemos mantener el tiempo de orar. Aunque la oración
solemne y estable pueda no ser factible cuando hay otros deberes que cumplir, de todos modos las
oraciones piadosas cortas que se lancen son siempre como dardos. —Debemos usar pensamientos
santos en nuestra vida corriente. El corazón vano también será vano para orar. Debemos orar con
toda clase de oración, pública, privada y secreta; social y solitaria; solemne y súbita; con todas las
partes de la oración: confesión de pecado, petición de misericordia y acción de gracias por los
favores recibidos. Y debemos hacerlo por la gracia de Dios Espíritu Santo, dependiendo de su
enseñanza y conforme a ella. Debemos perseverar en pedidos particulares a pesar del desánimo.
Debemos orar no sólo por nosotros sino por todos los santos. Nuestros enemigos son fuertes y
nosotros no tenemos fuerza, pero nuestro Redentor es todopoderoso, y en el poder de su fuerza,
podemos vencer. Por eso debemos animarnos a nosotros mismos. ¿No hemos dejado de responder a
menudo cuando Dios ha llamado? Pensemos en esas cosas y sigamos orando con paciencia. A la corrupción original todos hemos agregado el pecado
actual. Es ruina del joven vivir sin ley alguna, o escoger leyes falsas: anden
por las reglas de la Escritura. —Dudar de nuestra propia sabiduría y fuerza, y
depender de Dios, prueba que el propósito de la santidad es sincero. —La
palabra de Dios es tesoro digno de guardar y no hay dónde guardarlo en
forma segura sino en nuestros corazones, para oponer los preceptos de Dios
al dominio del pecado, las promesas de Dios a la seducción del pecado, y
sus amenazas a la violencia del pecado. —Sea nuestra oración que Él nos
enseñe sus estatutos para que, siendo partícipes de su santidad, podamos
también ser partícipes de su bienaventuranza. Y los que alimentan su
corazón con el pan de la vida, deben alimentar a muchos con sus labios. —
En el camino de los mandamientos de Dios están las inescrutables riquezas
de Cristo. Pero no meditamos en los preceptos de Dios para un buen
propósito si nuestros buenos pensamientos no producen buenas obras. —No
sólo meditaré en tus estatutos sino que los haré con regocijo. Y bueno será
probar la sinceridad de nuestra obediencia remontándose a su fuente: la
realidad de nuestro amor por el gozo en los deberes asignados.. Josué va a hacer que la ley de Dios sea su gobierno. Se le manda meditar en ella día y
noche para que pueda comprenderla. Cualesquiera sean los asuntos del mundo que tengamos en
mente, no debemos desechar la única cosa necesaria. Todas las órdenes de Josué al pueblo, y sus
juicios, deben estar conforme a la ley de Dios. Él mismo debe someterse a los mandamientos; la
dignidad o el dominio de ningún hombre lo coloca por encima de la ley de Dios. —Él tiene que
alentarse a sí mismo con la promesa y la presencia de Dios. Que sentir sus propias enfermedades no
lo desanimen a usted; Dios es todo suficiente. Yo te he mandado, llamado y comisionado para
hacerlo y ten la seguridad que te sostendré en, y sacaré de, eso. Cuando estamos en la senda del
deber, tenemos razón para ser fuertes y muy osados. Nuestro Señor Jesús, como aquí Josué, fue
sostenido en sus sufrimientos por considerar la voluntad de Dios y el mandamiento de su Padre. Dios nos ha revelado sabiduría verdadera por su Espíritu. Esta es una prueba de la
autoridad divina de las Sagradas Escrituras, 2 Pedro i, 21.. Cuando usted reconozca al buen pastor, ¡sígalo! Amen!Gloria a Dios
