Aprendamos a valorar la oración ferviente y eficaz del justo. ¡Cuánto cuidado debemos tener, para no abandonar nuestro interés en el amor y las oraciones del pueblo suplicante de Dios! Si hemos experimentado el amor del Espíritu, no nos faltemos en este oficio de bondad para con el prójimo.
Los que prevalecen en oración, deben esforzarse en oración. Los que piden las oraciones de otras personas, no deben descuidar sus oraciones. Aunque conoce perfectamente nuestro estado y nuestras necesidades, Cristo quiere saberlo de nosotros. Como debemos buscar a Dios para que refrene la mala voluntad de nuestros enemigos, así también debemos hacerlo para preservar y aumentar la buena voluntad de nuestros amigos. Todo nuestro gozo depende de la voluntad de Dios. Seamos fervientes en las oraciones con otros y por otros, para que, por amor a Cristo, y por el amor del Espíritu Santo, puedan venir grandes bendiciones a las almas de los cristianos y a las labores de los ministros.TEXTO BIBLICO AMEN
He aquí, Dios es el que me ayuda. Si estamos por Él, Él está por nosotros; y si Él está por nosotros, no tenemos qué temer. Toda criatura es para nosotros lo que Dios hace que sea, no más. El Señor salvará a su pueblo en el momento oportuno y mientras tanto lo sustenta y lo tolera, para que no desfallezca el espíritu que ha hecho. Hay verdad en las amenazas de Dios y en sus promesas; los pecadores que no se arrepienten, así lo hallarán a su propio costo.
La presente liberación de David fue una arras de su posterior liberación. Habla de completar su liberación como cosa hecha, aunque todavía le quedaban por delante muchas tribulaciones; porque teniendo la promesa de Dios se sentía tan seguro como si ya estuviera hecho. El Señor lo liberaría de todas sus tribulaciones. Él nos ayude a llevar nuestras cruces sin afanarnos y, en el largo plazo, nos lleve a compartir sus victorias y su gloria.
Los cristianos nunca deben tolerar que cese la voz de alabanza y de acción de gracias en la Iglesia de los redimidos.Amen
Si nuestro deleite es alabar al Señor mientras vivimos, ciertamente le alabaremos toda la eternidad. Teniendo ante nosotros esta gloriosa perspectiva, ¡cuán bajas parecen las empresas terrenales! Hay un Hijo del hombre en quien hay ayuda, que es también el Hijo de Dios, que no le fallará a los que confían en Él. Pero todos los demás hijos de los hombres son como el hombre del cual salieron que, teniendo honra, no permaneció en ella.
Dios ha dado la tierra a los hijos de los hombres, pero hay mucha inquietud al respecto. Sin embargo, después de poco de tiempo, ninguna parte de la tierra será de ellos, excepto la que contiene sus cuerpos muertos. Cuando el hombre vuelve a la tierra, en ese mismo día todos sus planes e intenciones se desvanecen y se van: entonces, ¿en qué quedan sus expectativas?AMEN
Los creyentes pueden ser castigados por el Señor, pero no serán condenados con el mundo. Por su unión con Cristo por medio de la fe, están seguros. ¿Cuál es el principio de su andar: la carne o el Espíritu, la naturaleza vieja o la nueva, la corrupción o la gracia? ¿Para cuál de estos hacemos provisión, por cuál somos gobernados? La voluntad sin renovar es incapaz de obedecer por completo ningún mandamiento. La ley, además de los deberes externos, requiere obediencia interna. Dios muestra su aborrecimiento del pecado por los sufrimientos de su Hijo en la carne, para que la persona del creyente fuera perdonada y justificada. Así, se satisfizo la justicia divina y se abrió el camino de la salvación para el pecador. El Espíritu escribe la ley del amor en el corazón, y aunque la justicia de la ley no sea cumplida por nosotros, de todos modos, bendito sea Dios, se cumple en nosotros; en todos los creyentes hay quienes responden a la intención de la ley.
El favor de Dios, el bienestar del alma, los intereses de la eternidad, son las cosas del Espíritu que importan a quienes son según el Espíritu. ¿Por cuál camino se mueven con más deleite nuestros pensamientos? ¿Por cuál camino van nuestros planes e ingenios? ¿Somos más sabios para el mundo o para nuestras almas? Los que viven en el placer están muertos, 1 Timoteo v, 6. El alma santificada es un alma viva, y esa vida es paz. La mente carnal no es sólo enemiga de Dios, sino la enemistad misma. El hombre carnal puede, por el poder de la gracia divina, ser sometido a la ley de Dios, pero la mente carnal, nunca; esta debe ser quebrantada y expulsada.
Podemos conocer nuestro estado y carácter verdadero cuando nos preguntamos si tenemos o no el Espíritu de Dios y de Cristo, versículo 9. Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu. Tener el Espíritu de Cristo significa haber cambiado el designio en cierto grado al sentir que había en Cristo Jesús, y eso tiene que notarse en una vida y una conversación que corresponda a sus preceptos y a su ejemplo.AMEN
El designio de Cristo al darse por nosotros, es adquirir un pueblo peculiar, celoso de buenas obras; la religión verdadera es el lazo de amistad más firme. Estas son algunas serias exhortaciones a diversos deberes cristianos, especialmente el contentamiento. El pecado opuesto a esta gracia y deber es la codicia, un deseo excesivamente apasionado de la riqueza de este mundo, unido a la envidia hacia los que tienen más que nosotros. Teniendo tesoros en el cielo podemos estar contentos con las pocas cosas de aquí. Los que no pueden estar así, no estarán contentos aunque Dios mejore su situación. Adán estaba en el paraíso, pero no estaba contento; algunos ángeles no estaban contentos en el cielo, pero el apóstol Pablo, aunque humillado y vacío, había aprendido a estar contento en todo estado, en cualquier estado. Los cristianos tienen razón para estar contentos con su suerte actual. Esta promesa contiene la suma y la sustancia de todas las promesas: “No te desampararé ni te dejaré”. En el lenguaje original hay no menos de cinco negativas juntas para confirmar la promesa: el creyente verdadero tendrá la presencia bondadosa de Dios consigo en la vida, en la muerte, y por siempre. Los hombres no pueden hacer nada contra Dios, y Dios puede hacer que resulte para bien todo lo que los hombres hacen contra su pueblo.AMEN
Escasamente haya otro pecado contra el cual advierta más nuestro Señor Jesús a sus discípulos que las preocupaciones inquietantes, distractoras y desconfiadas por las cosas de esta vida. A menudo esto entrampa al pobre tanto como el amor a la riqueza al rico. Pero hay una despreocupación por las cosas temporales que es deber, aunque no debemos llevar a un extremo estas preocupaciones lícitas.
No os afanéis por vuestra vida. Ni por la extensión de ella, sino referidla a Dios para que la alargue o acorte según le plazca; nuestros tiempos están en su mano y están en buena mano. Ni por las comodidades de esta vida; dejad que Dios la amargue o endulce según le plazca. Dios ha prometido la comida y el vestido, por tanto podemos esperarlos.
No penséis en el mañana, en el tiempo venidero. No os afanéis por el futuro, cómo viviréis el año que viene, o cuando estéis viejos, o qué dejaréis detrás de vosotros. Como no debemos jactarnos del mañana, así tampoco debemos preocuparnos por el mañana o sus acontecimientos. Dios nos ha dado vida y nos ha dado el cuerpo. ¿Y qué no puede hacer por nosotros el que hizo eso? Si nos preocupamos de nuestras almas y de la eternidad, que son más que el cuerpo y esta vida, podemos dejarle en manos de Dios que nos provea comida y vestido, que son lo menos.
Mejorad esto como exhortación a confiar en Dios. Debemos reconciliarnos con nuestro patrimonio en el mundo como lo hacemos con nuestra estatura. No podemos alterar las disposiciones de la providencia, por tanto debemos someternos y resignarnos a ellas. El cuidado considerado por nuestras almas es la mejor cura de la consideración cuidada por el mundo. Buscad primero el reino de Dios y haced de la religión vuestra ocupación: no digáis que este es el modo de hambrearte; no es la manera de estar bien provisto, aun en este mundo.
La conclusión de todo el asunto es que es la voluntad y el mandamiento del Señor Jesús, que por las oraciones diarias podamos obtener fuerza para sostenernos bajo nuestros problemas cotidianos, y armarnos contra las tentaciones que los acompañan y no dejar que ninguna de esas cosas nos conmuevan.
Bienaventurados los que toman al Señor como su Dios, y dan plena prueba de ellos confiándose totalmente a su sabia disposición. Que tu Espíritu nos dé convicción de pecado en la necesidad de esta disposición y quite lo mundano de nuestros corazones.AMEN
