domingo, 17 de febrero de 2013

Por fe, los siervos de Dios vencerán aun al león rugiente que anda viendo a quien devorar.

Después de todo nuestro escudriñar las Escrituras, hay más que aprender de ellas. Debiera complacernos pensar cuán grande fue el número de los creyentes del Antiguo Testamento, y cuán firme era su fe, aunque su objeto no estaba, entonces, tan claramente dados a conocer como ahora. Debemos lamentar que ahora, en los tiempos del evangelio, cuando la regla de la fe es más clara y perfecta, sea tan pequeño el número de los creyentes y tan débil su fe. Es la excelencia de la gracia de la fe, que mientras ayuda a los hombres a hacer grandes cosas, como Gedeón, les impide pensar cosas grandes y elevadas acerca de sí mismos. La fe, como la de Barac, recurre a Dios en todos los peligros y dificultades, y entonces responde agradecida a Dios por todas sus misericordias y liberaciones.

Por fe, los siervos de Dios vencerán aun al león rugiente que anda viendo a quien devorar. La fe de los creyentes dura hasta el final, y al morir, le da la victoria sobre la muerte y sobre todos sus enemigos mortales, como a Sansón. La gracia de Dios suele fijarse sobre personas totalmente inmerecedoras, y muy poco merecedoras para hacer grandes cosas por ellos y para ellos. Pero la gracia de la fe, dondequiera que esté, pondrá a los hombres a reconocer a Dios en todos sus caminos, como a Jefté. Hará osados y valerosos a los hombres en una causa buena. Pocos se hallaron con pruebas más grandes, pocos mostraron una fe más viva que David, y él dejó un testimonio en cuanto a las pruebas y los actos de fe en el libro de los Salmos, que ha sido y siempre será de gran valor para el pueblo de Dios. Probablemente los que van a crecer para distinguirse por su fe, empiecen a veces a ejercerla como Samuel. La fe capacitará al hombre para servir a Dios y a su generación en toda forma en que pudiera ser empleada.

Los intereses y los poderes de los reyes y los reinos suelen oponerse a Dios y a su pueblo, pero Dios puede someter fácilmente a todos los que se pongan en contra. Obrar justicia es honor y dicha más grande que hacer milagros. Por fe tenemos el consuelo de las promesas y por fe somos preparados a esperar las promesas y a recibirlas a su debido tiempo. Aunque no esperemos ver que nuestros parientes o amigos muertos son restaurados a la vida en este mundo, de todos modos la fe nos sostendrá al perderlos y nos dirigirá a la esperanza de una resurrección mejor. —¿Nos sorprenderemos más por la maldad de la naturaleza humana que es capaz de crueldades tan espantosas con sus congéneres, o con la excelencia de la gracia divina que es capaz de sostener al fiel sometido a esas crueldades y hacerlos pasar a salvo por todas ellas? ¡Qué diferencia hay entre el juicio de Dios a un santo y el del hombre! El mundo no es digno de los santos perseguidos e injuriados a quienes sus perseguidores reconocieron como indignos de vivir. No son dignos de su compañía, ejemplo, consejo y otros beneficios. Porque ellos no sabían qué es un santo ni el valor de un santo, ni cómo usarlo; ellos odian y echan lejos a los tales, como hace con la ofrenda de Cristo y su gracia.TEXTO BIBLICO Cuando usted reconozca al buen pastor, ¡sígalo! Amen!Gloria a Dios