miércoles, 26 de septiembre de 2012
Si un hombre desea el oficio pastoral
Si un hombre desea el oficio pastoral, y por amor a Cristo y a los hombres, está dispuesto a negarse a sí mismo, y pasar privaciones para dedicarse a ese servicio, debiera tratar de dedicarse a la buena obra, y su deseo debe ser aprobado, siempre y cuando estuviera preparado para el oficio. El ministro debe dar tan poca ocasión para ser culpado, para que su oficio no sufra reproche. Debe ser sobrio, prudente, decoroso en todos sus actos, y en el uso de todas las bendiciones terrenales. La sobriedad y la vigilancia van juntas en la Escritura, porque se asisten una a la otra. Las familias de los ministros deben ser ejemplos del bien para todas las demás familias. Debemos cuidarnos del orgullo; es un pecado que volvió en diablos a los ángeles. Debe tener buena reputación entre sus vecinos, y ser irreprensible en su vida anterior.
Para estimular a todos los ministros fieles tenemos la gracia de la promesa de Cristo: He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo, Mateo xxviii, 20. Él equipará a sus ministros para su obra y los hará pasar en medio de las dificultades con consuelo y recompensará su fidelidadLos diáconos fueron primeramente nombrados para distribuir la caridad de la iglesia y administrar sus intereses, aunque había entre ellos pastores y evangelistas. Los diáconos tenían el encargo de una tarea importante. Deben ser hombres serios, responsables, prudentes. No es bueno que la confianza pública sea depositada en las manos de cualquiera hasta que sean hallados aptos para el negocio que se les confiará.
Todos los emparentados con los ministros deben poner gran cuidado de andar como corresponde al evangelio de Cristo.
La iglesia es la casa de Dios, Él habita ahí. La iglesia sostiene la Escritura y la doctrina de Cristo como una columna sostiene una proclama. Cuando la iglesia deja de ser columna y baluarte de la verdad, podemos y debemos abandonarla, porque nuestra consideración por la verdad debe estar primero y ser muy grande. El misterio de la piedad es Cristo. Él es Dios que fue hecho carne y fue manifestado en carne. Agradó a Dios manifestarse a los hombres por su propio Hijo que tomó la naturaleza humana. Aunque reprochado como pecador y se dio la muerte de un malhechor, Cristo resucitó por el Espíritu, y así fue justificado de todas las acusaciones falsas con que fue cargado. Los ángeles le atendieron, porque Él es el Señor de los ángeles. Los gentiles acogieron bien el evangelio que los judíos rechazaron. Recordemos que Dios fue manifiesto en carne para quitar nuestros pecados, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo peculiar, celoso de buenas obras. Estas doctrinas deben ser exhibidas por el fruto del Espíritu en nuestras vidas.TEXTO BIBLICO AMEN