Las grandes cosas que el Señor ha hecho por nosotros, tanto por su providencia como por su gracia, obligan nuestra gratitud para hacer todo lo que podamos para el progreso de su reino entre los hombres, aunque lo más que podamos hacer sea poco.
Los santos de Dios en el cielo le cantan; ¿por qué no hacen lo mismo los que están en tierra? Ninguna de las perfecciones de Dios conlleva en sí más temor para el impío o más consuelo para el santo que su santidad. Buena señal es que seamos, en parte, partícipes de su santidad si podemos regocijarnos de todo corazón con su solo recuerdo. Nuestra felicidad está ligada al favor divino; si lo tenemos, tenemos bastante, sea lo que sea lo demás que necesitemos; pero mientras dure la ira de Dios, durará el lloro de los santos.AMEN