lunes, 30 de abril de 2012
El apóstol era un perito constructor pero la gracia de Dios lo hizo así.
El apóstol era un perito constructor pero la gracia de Dios lo hizo así. El orgullo espiritual es abominable; es usar los favores más grandes de Dios para alimentar nuestra vanidad, y hacer ídolos de nosotros mismos. Pero que todo hombre se cuide: puede haber mala edificación sobre un fundamento bueno. Nada debe ponerse encima sino lo que el fundamento soporte, y que sea de una pieza con él. No nos atrevamos a unir una vida meramente humana o carnal con la fe divina, la corrupción del pecado con la confesión del cristianismo. Cristo es la Roca de los tiempos, firme, eterno e inmutable; capaz de soportar, de todas maneras, todo el peso que Dios mismo o el pecador puedan poner encima de Él; tampoco hay salvación en ningún otro. Quite la doctrina de Su expiación y no hay fundamento para nuestras esperanzas. Hay dos clases de los que se apoyan en este fundamento. Algunos se aferran a nada sino a la verdad como es en Jesús, y no predican otra cosa. Otros edifican sobre el buen fundamento lo que no pasará el examen cuando llegue el día de la prueba. Podemos equivocarnos con nosotros mismos y con los demás, pero viene el día en que se mostrarán nuestras acciones bajo la luz verdadera, sin encubrimientos ni disfraces. Los que difundan la religión verdadera y pura en todas sus ramas y cuya obra permanezca en el gran día, recibirán recompensa, ¡cuánto más grande! ¡Cuánto más excederán a sus deserciones! Hay otros cuyas corruptas opiniones y doctrinas y vanas invenciones y prácticas en el culto a Dios serán reveladas, desechadas y rechazadas en aquel día. Esto claramente se dice de un fuego figurado, no uno real, porque ¿qué fuego real puede consumir ritos o doctrinas religiosas? Es para probar las obras de cada hombre, los de Pablo y los de Apolos, y las de otros. Consideremos la tendencia de nuestras empresas, comparémoslas con la palabra de Dios, y juzguemos nosotros mismos para que no seamos juzgados por el Señor.AMEN