DIEZMOSLa costumbre de contribuir con el diezmo no se originó con la ley mosaica (Gn. 14.17–20), ni era peculiar a los hebreos. Se practicaba en otros pueblos de la antigüedad también. Hay tres cuestiones principales a considerar.
1. ¿Qué era lo que debían diezmar los hebreos? La Torá establecía que "la simiente de la tierra" (cosechas), "el fruto de los árboles", las vacas, y las ovejas (Lv. 27.30–32) se debían diezmar. La forma de dar el diezmo del ganado era así: el dueño contaba los animales cuando iban saliendo a pastar, y uno de cada diez era dado a Dios. De este modo no se daba la posibilidad de elegir los animales inferiores para el diezmo de las vacas y las ovejas (Lv. 27.32s). Si el hebreo prefería dedicar la décima parte de la cosecha de los cereales y la fruta en su valor monetario podía hacerlo, pero en ese caso tenía que agregar una quinta parte de ese valor al total. No se le permitía redimir la décima parte del ganado de esta forma (Lv. 27.31, 33).
2. ¿A quién se entregaban los diezmos? Había que dárselos a los levitas (Nm. 18.21ss). Pero en He. 7.5 se dice que los que de entre "los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos". Este apartamiento de la ley puede haberse debido a la falta de voluntad de los levitas de cumplir su cometido en Jerusalén después del retorno bajo Esdras (Esd. 8.15ss). Los levitas, como consecuencia de la naturaleza de su posición y funciones en la comunidad, no tenían ingresos propios, medios de vida, ni herencia, para garantizar su sostén; por lo tanto, y como compensación "por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión", debían recibir "todos los diezmos en Israel por heredad" (Nm. 18.21, 24). Este pasaje en Nm. 18 menciona solamente los diezmos de la cosecha de los cereales y la fruta (v.v. versículo(s) 27). Los levitas, empero, no debían guardar para sí todo el diezmo. Tenían instrucciones de presentar una "ofrenda mecida" que debía salir del diezmo, y que representaba "el diezmo de los diezmos" (Nm. 18.26). Este "diezmo de los diezmos" debía ser "de todo lo mejor de ellos" (v.v. versículo(s) 29), y debían dárselo a los sacerdotes (v.v. versículo(s) 28; Neh. 10.39).
3. ¿Dónde debían los hebreos ofrecer sus diezmos? Debían llevarlos al "lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre" (Dt. 12.5s, 17s); e. d.e. d. es decir, Jerusalén. Además, la entrega de los diezmos debía adoptar la forma de una comida ritual, en la que debía participar el levita (Dt. 12.7, 12). Si Jerusalén se encontraba a una gran distancia del pueblo donde vivía la persona, el transporte de los diezmos de su cosecha podía representar un problema, pero siempre tenía el recurso de llevar sus diezmos en dinero (Dt. 14.22–27). Cada tres años el diezmo debía ofrecerse en la localidad de cada cual (Dt. 14.28s), aunque en estas ocasiones de todos modos tenían que ir a Jerusalén a adorar una vez cumplida la entrega de los diezmos en su propia comunidad (Dt. 26.12ss). Estas leyes relativamente simples del Pentateuco, que gobernaban la práctica del diezmo, se agregó una multitud de detalles minuciosos que transformaron un hermoso principio religioso en pesada carga. Estos complejos agregados se registran en la literatura misnaica y talmúdica. Esta lamentable tendencia de Israel contribuyó indudablemente a la convicción de que la aceptación ante Dios podía merecerse mediante el cumplimiento de observancias rituales tales como el diezmo (Lc. 11.42), sin necesidad de someterse a la ley moral de la justicia, la misericordia, y la fe (Mt. 23.23s).
Los diezmos que pagó Abraham, padre de Israel y, por lo tanto, del sacerdocio aarónico, a Melquisedec (Gn. 14.20), y la recepción por parte de él de la bendición de este rey-sacerdote (Gn. 14.19), significan en He. 7.1ss que el sacerdocio de Melquisedec era infinitamente superior al sacerdocio aarónico o levítico. No se explica en Gn. 14.18–20 por qué fue que Abraham le dio los diezmos a Melquisedec.
La referencia en el NTNT Nuevo Testamento a diezmar "la menta y el eneldo y el comino" (Mt. 23.23; Lc. 11.42) ilustra la ampliación talmúdica de la ley mosaica, que aseguraba que "todo lo que se come … y que crece de la tierra" tiene que ser diezmado.
Bibliografía. J. A. Oliveira, El diezmo, 1979; S. Young, El diezmo es del Señor, 1975; W. BroomalI, "Diezmos", °DT°DT Diccionario de teología (TELL), 1985, 1985, pp.pp. página(s) 157; R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 1985, pp.pp. página(s) 201–203.
J.G.S.S.T.J.G.S.S.T. J. G. S. S. Thomson, B.A., M.A., B.D., Ph.D., Pastor, Wigtown, Escoc