Aquí se contrastan dos clases de personas: los que confían en el ser humano y los que confían en Dios. El pueblo de Judá confiaba en dioses falsos y en alianzas militares y no en Dios. Por lo tanto, fueron áridos y sin frutos. En contraste, los que confían en el Señor florecen como árboles plantados junto al agua (Salmo 1). En tiempos difíciles, quienes confían en el ser humano se empobrecerán y serán débiles espiritualmente, así que no tendrán fuerzas a las que recurrir. Sin embargo, quienes confían en el Señor tendrán abundante fortaleza, no solo para sus necesidades, sino para las de los demás. ¿Está satisfecho de no llevar frutos o, como un árbol bien regado, tiene fuerzas para los tiempos de crisis y algo más para dar a otros mientras usted lleva fruto para el Señor?Texto Biblia:Santa Biblia
AMEN