viernes, 29 de julio de 2011
En lugar de rendirnos a la impaciencia o al desencanto cuando somos atribulados,
En lugar de rendirnos a la impaciencia o al desencanto cuando somos atribulados, debemos volver nuestros pensamientos a la bondad del Señor para con quienes le temen y confían en Él. Todo llega a los pecadores a través de la dádiva maravillosa del unigénito Hijo de Dios, para ser la expiación por los pecados. No se rinda nadie a la incredulidad o al pensar, en circunstancias desalentadoras, que han sido cortados de delante de los ojos del Señor, y entregados al orgullo de los hombres. Señor, perdona nuestras quejas y temores; aumenta nuestra fe, paciencia, amor y gratitud; enséñanos a regocijarnos en la tribulación y en la esperanza. La liberación de Cristo, con la destrucción de sus enemigos, debiera fortalecer y consolar los corazones de los creyentes sometidos a todas sus aflicciones de aquí abajo, para que habiendo sufrido valientemente con su Maestro, puedan entrar triunfantes a su gozo y gloria. Texto Biblia:Santa Biblia,AMEN