Desde el principio quedó establecido que uno de siete días debería ser religiosamente observado. Y que en el reino del Mesías el primer día de la semana sería ese día solemne, fue señalado en que en ese día Cristo se reunió con sus discípulos en asamblea religiosa. El cumplimiento religioso de ese día nos ha llegado a través de toda era de la Iglesia.
No hay en nuestra lengua una palabra de incredulidad ni pensamiento en nuestra mente que no sean conocidos por el Señor Jesús; y le plació acomodarse aun a Tomás en vez de dejarlo en su incredulidad. Debemos soportar así al débil, Romanos xv, 1, 2. Esta advertencia es dada a todos. Si somos infieles, estamos sin Cristo, desdichados, sin esperanzas y sin gozo.
Tomás se avergonzó de su incredulidad y clamó: ¡Señor mío, y Dios mío! -Los creyentes sanos y sinceros serán aceptados de gracia por el Señor Jesús aunque sean lentos y débiles. Deber de los que oyen y leen el evangelio es creer y aceptar la doctrina de Cristo y el testimonio acerca de Él, 1 Juan v, 11.