El patrimonio del hombre vivo más despreciable es preferible al del más noble que muere impenitente. Salomón exhorta al sabio y piadoso a confiar alegremente en Dios cualquiera sea su condición en la vida. El bocado más vil, viniendo del amor de su Padre, como respuesta a la oración, tendrá un deleite peculiar. No que establezcamos nuestros corazones en los deleites sensuales, sino que podamos usar con sabiduría lo que Dios nos ha dado. El gozo aquí descrito es la alegría del corazón que brota del sentido del favor divino.
Este es el mundo del servicio; el venidero es el mundo de la recompensa. Todos en sus posiciones pueden hallar alguna obra que hacer. Y por sobre todo, los pecadores tienen que cuidar de la salvación de su alma, los creyentes tienen que probar su fe, adornar el evangelio, glorificar a Dios y servir a su generación.