El compromiso leal de Elías con Dios nos impresiona y nos presenta un reto. Fue enviado para confrontar, no consolar, y habló las palabras de Dios a un rey que a menudo rechazó su mensaje sólo porque era Elías el que lo traía. El profeta escogió seguir adelante solo con su ministerio para Dios y pagó por esta decisión experimentando el aislamiento de otros que también eran fieles a Dios.
Es interesante pensar en los sorprendentes milagros que Dios llevó a cabo por medio de Elías, pero haremos bien si nos centramos en la relación que tenían ambos. Todo lo que sucedió en la vida de Elías comenzó con el mismo milagro que está a nuestro alcance: él respondió al milagro de poder conocer a Dios.
Por ejemplo, después de que Dios llevó a cabo un milagro grandioso por medio de Elías, al derrotar a los profetas de Baal, la reina Jezabel se vengó amenazando la vida de Elías, y Elías huyó. Sintió miedo, abandono y se deprimió. A pesar de la provisión de comida y abrigo en el desierto, Elías deseaba morir. Así que Dios se le presentó en una "demostración audiovisual" y con el mensaje que él necesitaba escuchar. Elías presenció una tormenta de viento, un terremoto y fuego. Pero el Señor no estaba en ninguna de esas manifestaciones poderosas. Por el contrario, Dios mostró su presencia en un suave susurro.
Elías, como nosotros, luchó con sus sentimientos aun después de este mensaje de consuelo de parte de Dios. Así que Dios confrontó las emociones de Elías y lo mandó a actuar. Le dijo lo que ahora tenía que hacer y le informó que parte de su soledad estaba basada en la ignorancia: todavía había en Israel siete mil personas que seguían siendo fieles a Dios.
Aún en la actualidad, Dios a menudo nos habla por medio de la quietud y de lo obvio, y no por lo espectacular e inusual. Dios tiene trabajo para nosotros aun cuando sintamos miedo o temor a fracasar. Dios siempre tiene más recursos y personas de las que nosotros conocemos. Si bien podemos desear hacer grandes milagros para Dios, en cambio debemos concentrarnos en tener una relación personal con El. El milagro real de la vida de Elías fue su verdadera relación personal con Dios. Ese milagro sigue estando a nuestro alcance.
Usar doce piedras para construir el altar requirió valentía. Esto podría haber ocasionado que algunas personas se enojaran porque era un recordatorio silencioso de la división entre las tribus. Mientras las diez tribus del norte se llamaron a sí mismas Israel, este era el nombre que originalmente habían recibido las doce tribus en conjunto.
Dios envió fuego desde los cielos para Elías, y El nos ayudará a completar lo que nos ha mandado a realizar. La prueba puede no ser tan dramática en nuestra vida como lo fue en la de Elías, pero Dios nos hará accesibles los recursos de maneras creativas para lograr sus propósitos. Nos dará la sabiduría para educar a nuestra familia, el valor para levantarnos en favor de la verdad, o los medios para ayudar a alguien en necesidad. Como Elías, podemos tener fe en que, sea lo que Dios nos mande hacer, El proveerá lo que necesitamos para llevarlo a cabo.AMEN
Texto Biblia:Santa Biblia