martes, 17 de mayo de 2011

Cristo vino a hacernos humildes para que no haya entre nosotros espíritu de orgullo

 ‎Estas son otras exhortaciones a los deberes cristianos; a la unanimidad, a la humildad, conforme al ejemplo del Señor Jesús. La bondad es la ley del reino de Cristo, la lección de su escuela, el uniforme de su familia.
Se mencionan diversos motivos para el amor fraternal. Si esperáis o experimentáis el beneficio de las compasiones de Dios para sí mismo, sed compasivos unos con otros. Es el gozo de los ministros ver la unanimidad de su gente.
Cristo vino a hacernos humildes para que no haya entre nosotros espíritu de orgullo. Debemos ser severos con nuestras propias faltas, y rápidos para observar nuestros defectos, pero estar dispuestos para favorecer con concesiones al prójimo. Debemos cuidar bondadosamente a los demás, y no meternos en asuntos ajenos. No se puede disfrutar de paz interior ni exterior sin humildad. El ejemplo de nuestro Señor Jesucristo es puesto ante nosotros. Debemos parecernos a Él en su vida, si deseamos el beneficio de su muerte.
Fijémonos en las dos naturalezas de Cristo: su naturaleza Divina y la humana. Siendo en la forma de Dios, participó de la naturaleza divina, como el eterno Hijo Unigénito de Dios, Juan i, 1, y no estimó que fuera usurpación ser igual a Dios y recibir la adoración de los hombres que corresponde a la Divinidad. Su naturaleza humana: en ella se hizo como nosotros en todo excepto el pecado. Así, humillado, por su propia voluntad, descendió de la gloria que tenía con el Padre desde antes que el mundo fuese.
Se comentan los dos estados de Cristo, el de humillación y el de exaltación. Cristo no sólo asumió la semejanza y el estilo o forma de hombre, sino el de uno de estado humilde; no se manifestó con esplendor. Toda su vida fue una vida de pobreza y sufrimientos, pero el paso más bajo fue morir la muerte de cruz, la muerte de un malhechor y de un esclavo; expuesto al odio y burla del público.
La exaltación fue de la naturaleza humana de Cristo, en unión con la divina. Todos deben rendir homenaje solemne al nombre de Jesús, no al solo sonido de la palabra, sino a la autoridad de Jesús. Confesar que Jesucristo es el Señor es para la gloria de Dios Padre; porque es su voluntad que todos los hombres honren al Hijo como honran al Padre, Juan v, 23. Aquí vemos tales motivos para el amor que se niega a sí mismo, que ninguna otra cosa podría suplir. ¿Amamos y obedecemos así al Hijo de Dios? El Texto Bíblico.AMEN