lunes, 28 de febrero de 2011

NECESIDAD DE ESTIMULAR TU FE.


HOLA FAM; ¿Recuerda usted lo que sentía cuando era niño y se acercaba su cumpleaños? Se sentía emocionado y ansioso. Tenía la certeza de que recibiría regalos y otros obsequios. Pero algunas cosas serían una sorpresa. Los cumpleaños combinan seguridad y expectación. ¡Así es también con la fe! La fe es la convicción basada en las experiencias pasadas de que, con toda seguridad, Dios nos dará nuevas sorpresas.

 Dos palabras describen nuestra fe: confianza y certeza. Estas dos cualidades necesitan un punto inicial y final seguros. El punto inicial de la fe es creer en el carácter de Dios: El es quien dice ser que es. El punto final es creer en las promesas de Dios: El hará lo que dice. Cuando creemos que Dios cumplirá sus promesas, a pesar de que todavía no las vemos hechas realidad, mostramos verdadera fe (véase Joh_20:24-31).

 Dios habló y se creó de la nada el universo; declaró que sería y fue. Nuestra fe está puesta en el Dios que creó el universo con su palabra. La palabra de Dios tiene un poder impresionante. Cuando El habla, ¿usted oye y responde? ¿Cómo puede prepararse mejor para responder a su palabra?

 Caín y Abel fueron los primeros hijos de Adán y Eva. Abel ofreció un sacrificio que agradó a Dios; en cambio, el sacrificio de Caín fue inaceptable. El perfil de Abel se halla en Génesis 6. El perfil de Caín se encuentra en Génesis 7. El sacrificio de Abel (un animal expiatorio) fue más aceptable a Dios porque fue un sacrificio de sangre y, más importante aun, por la actitud con que Abel la ofreció.

Creer que Dios existe es sólo el comienzo; aun los demonios creen (Jam_2:19-20). Dios no se conformará con un simple conocimiento de su existencia. El quiere una relación personal y dinámica con usted que transformará su vida. Quienes con sinceridad lo buscan hallarán que son premiados con la presencia íntima de Dios.

 Algunas veces nos preguntamos acerca de cuál será la suerte de quienes no han oído de Cristo y que ni siquiera han tenido una Biblia para leerla. Dios nos asegura que todo aquel que lo busca con sinceridad, que actúa con fe basado en el conocimiento que tiene de Dios, será recompensado. Cuando usted les anuncia a los demás las buenas nuevas de Dios, anímelos a ser sinceros y diligentes en su búsqueda de la verdad. Los que escuchan el evangelio son responsables por lo que oyen (véase 2Co_6:1-2).

 Noé sufrió el rechazo porque era diferente de sus vecinos. Dios le encomendó la tarea de construir un barco enorme en medio de un territorio seco, y aunque el mandato de Dios no parecía tener sentido, Noé obedeció. Cuando Noé obedeció, se volvió un extraño para sus vecinos; tal como las nuevas creencias de los judíos cristianos, indudablemente, hicieron que sobresalieran entre los suyos. Cuando usted obedece a Dios, no se sorprenda si otros lo consideran "diferente". Su obediencia hace que la desobediencia de ellos se destaque. Recuerde que si Dios le ordena hacer algo, El le dará la fuerza necesaria para llevar a cabo dicha tarea. Para mayores detalles relacionados con Noé, véase Génesis 8.

Abraham era un hombre de fe. Al mandato de Dios, dejó su hogar y se fue a otra tierra; obedeció sin discutir (Gen_12:1ss). Creyó en el pacto que hizo Dios con El (Gen_12:2-3, Gen_13:14-16; Gen_15:1-6). En obediencia a Dios, Abraham estuvo incluso dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac (Gen_22:1-19). No se sorprenda si Dios le pide que renuncie a su ambiente conocido y seguro a fin de cumplir su voluntad. Para mayor información sobre Abraham, véase Génesis 18.

Sara era la esposa de Abraham. No pudieron tener hijos después de muchos años de matrimonio. Dios le prometió un hijo a Abraham, pero Sara dudó de que pudiera quedar encinta ya que era de edad avanzada. Al comienzo ella se rió, pero más tarde creyó (Génesis 18). Para mayores detalles sobre Sara, véase Génesis 19.

Podemos llegar a darnos cuenta de que somos "extranjeros y peregrinos" gracias a las circunstancias. Podemos comprenderlo tarde en la vida o como resultado de tiempos difíciles; pero este mundo no es nuestro hogar. No podemos vivir aquí por siempre (véase también 1Pe_1:1). Para poder actuar cuando Dios nos habla, es conveniente que no estemos tan apegados a los deseos y a los bienes de este mundo.

Las personas de fe que se mencionan aquí murieron sin haber recibido todo lo que Dios les había prometido, pero nunca perdieron su visión del cielo (una patria "mejor", "celestial"). Muchos cristianos se sienten frustrados y derrotados porque sus necesidades, deseos, expectativas y demandas no son satisfechas de inmediato cuando creen en Cristo. Llegan a impacientarse y quieren rendirse. ¿Se siente usted desalentado porque el logro de sus objetivos parecieran estar muy lejos? Reciba valor de estos héroes de la fe que vivieron y murieron sin ver el fruto de su fe en la tierra y aun así siguieron creyendo (véase 11.36-39).

Abraham estuvo dispuesto a dar a su hijo cuando Dios se lo pidió (Gen_22:1-19). Dios no permitió que Abraham le quitara la vida a su hijo Isaac porque la orden era para probar la fe de Abraham. En lugar de quitarle su hijo, Dios le dio a Abraham toda una nación de descendientes por medio de Isaac. Si está atemorizado de confiar en Dios con su más preciado bien, sueño o persona, preste atención al ejemplo de Abraham. Como estuvo dispuesto a renunciar a todo por Dios, recibió en recompensa más de lo que pudo imaginar. Lo que llegamos a recibir, sin embargo, no siempre es inmediato o en la forma de bienes materiales. Después de todo, los bienes tangibles vienen a ser las recompensas que menos satisfacen. Nuestra mejor y mayor retribución nos espera en la eternidad.

Isaac fue el hijo prometido a Abraham y Sara en su vejez. Fue por medio de Isaac que Dios cumplió con su promesa de dar a Abraham descendientes que no podrían contarse. Isaac tuvo hijos mellizos: Jacob y Esaú. Dios eligió a Jacob, el menor de ellos, para continuar, por medio de él, el cumplimiento de su promesa hecha a Abraham. Para mayores detalles acerca de Isaac, véase Génesis 22.

Jacob fue hijo de Isaac y nieto de Abraham. Los hijos de Jacob vinieron a ser los padres de las doce tribus de Israel. Aun cuando Jacob (también llamado "Israel") estaba a punto de morir en tierra extraña, creyó la promesa de que los descendientes de Abraham serían como la arena del mar y que Israel llegaría a ser una gran nación (Gen_48:1-22). La verdadera fe nos permite ver más allá del sepulcro. Para mayores detalles sobre Jacob y Esaú, véanse Génesis 26 y 27.

José, uno de los hijos de Jacob, fue vendido como esclavo por sus hermanos celosos (Génesis 37). Con el tiempo, José fue vendido nuevamente, esta vez a un oficial del Faraón de Egipto. Por su fidelidad a Dios, José fue puesto en un alto puesto en Egipto. Aunque pudo haber aprovechado esa posición para levantar un imperio personal, recordó la promesa de Dios a Abraham. Después que se reconcilió con sus hermanos, trajo a su familia para que estuviera cerca de él, y pidió que sus huesos fueran llevados a la tierra prometida cuando los judíos al fin salieran de Egipto (Gen_50:24-25). Fe significa confiar en Dios y cumplir su voluntad, a pesar de las circunstancias o consecuencias. Para mayor información sobre José, véase Génesis 37.

Los padres de Moisés confiaron a Dios la vida de su hijo. No eran padres orgullosos sino creyentes que tenían fe de que Dios cuidaría de él. Como padre, ¿confía usted en que Dios cuidará de sus hijos? Dios tiene un plan para cada persona y la tarea de usted es orar por sus hijos y prepararlos para que lleven a cabo la obra que Dios ha planeado que realicen. La fe nos permite confiarle a Dios incluso a nuestros hijos.

Moisés fue uno de los grandes líderes de Israel, un profeta y legislador. Pero cuando nació, su pueblo era esclavo en Egipto y los líderes egipcios habían ordenado que muriera todo niño hebreo. Moisés fue protegido y la hija del Faraón logró que Moisés llegara a ser parte de la familia real (Exodo 1; 2). Fue necesaria la fe para que Moisés renunciara a su lugar en el palacio, pero pudo hacerlo porque vio el carácter fugaz de la riqueza y del prestigio. Es muy fácil ser engañados por las ventajas temporales de la riqueza, la popularidad, el nivel social y los logros, y no ver las ventajas eternas del reino de Dios. La fe nos ayuda a mirar más allá del sistema de valores del mundo para ver los valores eternos del reino de Dios. Para mayor información sobre Moisés, véase Exodo 14.

Cuando Josué planeó la conquista de Jericó, envió espías para investigar sobre las fortificaciones de la ciudad. Ellos hallaron a Rahab, quien tenía dos cosas en su contra: era gentil y prostituta. Pero mostró que tenía fe en Dios al dar acogida a los espías y al confiar en que Dios protegería a su familia y a ella cuando fuera destruida la ciudad. La fe nos ayuda a cambiar y hacer lo que es correcto a pesar de nuestro pasado o de la desaprobación de los demás. Para mayor información sobre Rahab, véase Josué 3.

El Antiguo Testamento presenta la vida de varias personas que tuvieron esas grandes victorias. Josué y Débora conquistaron reinos (el libro de Josué, Jueces 4; 5). Nehemías administró justicia (el libro de Nehemías). Daniel fue protegido de la boca de los leones (Daniel 6) Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron protegidos en el horno de fuego (Daniel 3). Elías escapó de las espadas de los escuderos de la reina malvada Jezabel (1Ki_19:2ss). Ezequías llegó a ser fuerte después de una enfermedad (2 Reyes 20). Gedeón fue poderoso en la batalla (Jueces 7). Un hijo de una viuda fue resucitado por el profeta Elías (2Ki_4:8-37).
Nosotros también podemos tener victoria mediante la fe en Cristo. Nuestras victorias pueden ser parecidas a las que tuvieron los santos del Antiguo Testamento, pero es más probable que cada una de nuestras victorias esté directamente relacionada con la función que Dios quiere que desempeñemos. A pesar de que nuestro cuerpo se deteriora y muere, viviremos por siempre gracias a Cristo. En la resurrección prometida, aun la muerte física será derrotada y la victoria de Cristo será completa.

Estos versículos resumen la vida de otros grandes hombres y mujeres de fe. Algunos tuvieron victorias sobresalientes, aun a pesar de la amenaza de la muerte. Pero otros fueron severamente maltratados, torturados y hasta asesinados. Tener una fe inquebrantable en Dios no garantiza una vida despreocupada y feliz. Por el contrario, nuestra fe casi nos garantiza cierta forma de maltrato del mundo. Mientras estemos en la tierra tal vez jamás logremos ver el propósito de nuestro sufrimiento. Pero sabemos que Dios cumplira las promesas que nos ha hecho. ¿Cree que Dios cumplirá su promesa para usted?

Muchos piensan que el dolor es la excepción en la vida cristiana. Cuando el sufrimiento tiene lugar dicen: "¿Por qué a mí?". Sienten como si Dios los hubiera abandonado o que quizá no era tan confiable como pensaban. En realidad, vivimos en un mundo malvado, y la vida incluye mucho sufrimiento, incluso para los creyentes. Pero Dios sigue dominando las circunstancias. El permite que algunos cristianos lleguen a ser mártires por la fe, y permite que otros sobrevivan a la persecución. En lugar de preguntarse "¿Por qué a mí"?, es mejor decir "¿Por qué no a mí?". Su fe y los valores morales de este mundo están en pugna. Si esperamos dolor y sufrimiento, no nos aplastarán cuando ocurran. También podemos recibir consuelo al saber que Jesucristo sufrió de igual modo. El comprende nuestros temores, nuestras debilidades y nuestros desalientos (véanse 2.16-18; 4.14-16). Ha prometido no dejarnos nunca (Mat_28:18-20) e intercede en nuestro favor (Mat_7:24-25). En tiempos de dolor, persecución o sufrimiento debemos confiar plenamente en Cristo.AMEN