domingo, 25 de diciembre de 2016

Porque tu no lee la Biblia .

 La fuerza y el valor espiritual son necesarios para nuestra guerra y sufrimiento espiritual. Los que desean demostrar que tienen la gracia verdadera consigo, deben apuntar a toda gracia; y ponerse toda la armadura de Dios, que Él prepara y da. La armadura cristiana está hecha para usarse y no es posible dejar la armadura hasta que hayamos terminado nuestra guerra y finalizado nuestra carrera. El combate no es tan sólo contra enemigos humanos, ni contra nuestra naturaleza corrupta; tenemos que vérnosla con un enemigo que tiene miles de maneras para engañar a las almas inestables. Los diablos nos asaltan en las cosas que corresponden a nuestras almas y se esfuerzan por borrar la imagen celestial de nuestros corazones. —Debemos resolver, por la gracia de Dios, no rendirnos a Satanás. Resístidle, y de vosotros huirá. Si cedemos, él se apoderará del terreno. Si desconfiamos de nuestra causa o de nuestro Líder o de nuestra armadura, le damos ventaja. —Aquí se describen las diferentes partes de la armadura de los soldados bien pertrechados, que tienen que resistir los asaltos más feroces del enemigo. No hay nada para la espalda; nada que defienda a los que se retiran de la guerra cristiana. —La verdad o la sinceridad es el cinto. Esto rodea todas las otras partes de la armadura y se menciona en primer lugar. No puede haber religión sin sinceridad. —La justicia de Cristo, imputada a nosotros, es una coraza contra los dardos de la ira divina. La justicia de Cristo, implantada en nosotros, fortifica el corazón contra los ataques de Satanás. —La resolución debe ser como las piezas de la armadura para resguardar las partes delanteras de las piernas, y para afirmarse en el terreno o caminar por sendas escarpadas, los pies deben estar protegidos con el apresto del evangelio de la paz. Los motivos para obedecer en medio de las pruebas deben extraerse del claro conocimiento del evangelio. —La fe es todo en todo en la hora de la tentación. La fe, tener la certeza de lo que no se ve, como recibir a Cristo y los beneficios de la redención, y de ese modo, derivar gracia de Él, es como un escudo, una defensa en toda forma. El diablo es el malo. Las tentaciones violentas, por las cuales el alma se enciende con fuego del infierno, son dardos que Satanás nos arroja. Además, los malos pensamientos de Dios y de nosotros mismos. La fe que aplica la palabra de Dios y a la gracia de Cristo, es la que apaga los dardos de la tentación. —La salvación debe ser nuestro yelmo. La buena esperanza de salvación, la expectativa bíblica de la victoria, purifican el alma e impiden que sea contaminada por Satanás. —El apóstol recomienda al cristiano armado para la defensa en la batalla, una sola arma de ataque, la cual es suficiente, la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Somete y mortifica los malos deseos y los pensamientos blasfemos a medida que surgen adentro; y responde a la incredulidad y al error a medida que asaltan desde afuera. Un solo texto bien entendido y rectamente aplicado, destruye de una sola vez la tentación o la objeción y somete al adversario más formidable. —La oración deben asegurar todas las demás partes de nuestra armadura cristiana. Hay otros deberes de la religión y de nuestra posición en el mundo, pero debemos mantener el tiempo de orar. Aunque la oración solemne y estable pueda no ser factible cuando hay otros deberes que cumplir, de todos modos las oraciones piadosas cortas que se lancen son siempre como dardos. —Debemos usar pensamientos santos en nuestra vida corriente. El corazón vano también será vano para orar. Debemos orar con toda clase de oración, pública, privada y secreta; social y solitaria; solemne y súbita; con todas las partes de la oración: confesión de pecado, petición de misericordia y acción de gracias por los favores recibidos. Y debemos hacerlo por la gracia de Dios Espíritu Santo, dependiendo de su enseñanza y conforme a ella. Debemos perseverar en pedidos particulares a pesar del desánimo. Debemos orar no sólo por nosotros sino por todos los santos. Nuestros enemigos son fuertes y nosotros no tenemos fuerza, pero nuestro Redentor es todopoderoso, y en el poder de su fuerza, podemos vencer. Por eso debemos animarnos a nosotros mismos. ¿No hemos dejado de responder a menudo cuando Dios ha llamado? Pensemos en esas cosas y sigamos orando con paciencia. A la corrupción original todos hemos agregado el pecado actual. Es ruina del joven vivir sin ley alguna, o escoger leyes falsas: anden por las reglas de la Escritura. —Dudar de nuestra propia sabiduría y fuerza, y depender de Dios, prueba que el propósito de la santidad es sincero. —La palabra de Dios es tesoro digno de guardar y no hay dónde guardarlo en forma segura sino en nuestros corazones, para oponer los preceptos de Dios al dominio del pecado, las promesas de Dios a la seducción del pecado, y sus amenazas a la violencia del pecado. —Sea nuestra oración que Él nos enseñe sus estatutos para que, siendo partícipes de su santidad, podamos también ser partícipes de su bienaventuranza. Y los que alimentan su corazón con el pan de la vida, deben alimentar a muchos con sus labios. — En el camino de los mandamientos de Dios están las inescrutables riquezas de Cristo. Pero no meditamos en los preceptos de Dios para un buen propósito si nuestros buenos pensamientos no producen buenas obras. —No sólo meditaré en tus estatutos sino que los haré con regocijo. Y bueno será probar la sinceridad de nuestra obediencia remontándose a su fuente: la realidad de nuestro amor por el gozo en los deberes asignados.. Josué va a hacer que la ley de Dios sea su gobierno. Se le manda meditar en ella día y noche para que pueda comprenderla. Cualesquiera sean los asuntos del mundo que tengamos en mente, no debemos desechar la única cosa necesaria. Todas las órdenes de Josué al pueblo, y sus juicios, deben estar conforme a la ley de Dios. Él mismo debe someterse a los mandamientos; la dignidad o el dominio de ningún hombre lo coloca por encima de la ley de Dios. —Él tiene que alentarse a sí mismo con la promesa y la presencia de Dios. Que sentir sus propias enfermedades no lo desanimen a usted; Dios es todo suficiente. Yo te he mandado, llamado y comisionado para hacerlo y ten la seguridad que te sostendré en, y sacaré de, eso. Cuando estamos en la senda del deber, tenemos razón para ser fuertes y muy osados. Nuestro Señor Jesús, como aquí Josué, fue sostenido en sus sufrimientos por considerar la voluntad de Dios y el mandamiento de su Padre. Dios nos ha revelado sabiduría verdadera por su Espíritu. Esta es una prueba de la autoridad divina de las Sagradas Escrituras, 2 Pedro i, 21.. Cuando usted reconozca al buen pastor, ¡sígalo! Amen!Gloria a Dios

domingo, 6 de marzo de 2016

Nuestro camino al cielo pasa por el desierto de este mundo.

Dios habla con ternura: No temas, porque yo estoy contigo, no sólo al alcance, sino
presente a tu lado. ¿Estás débil? Yo te fortaleceré. ¿Te faltan amistades? Yo te ayudaré en tiempo de
necesidad. ¿Estás listo para caer? Yo te sustentaré con la diestra llena de justicia, repartiendo
recompensas y castigos. —Hay quienes pelean con el pueblo de Dios, que buscan su destrucción.
Que el pueblo de Dios no devuelva mal por mal sino que espere el tiempo de Dios. Es el gusano
Jacob; tan pequeño, tan débil y despreciado, tan pisoteado por todos. El pueblo de Dios es como
gusano, con pensamiento humilde de sí mismos, y en los altivos pensamientos que de ellos tienen
sus enemigos; gusanos, pero no víboras, no de la simiente de la serpiente. Toda parte de la palabra
de Dios está calculada para abatir el orgullo del hombre y para hacerle parecer pequeño a sus
propios ojos. El Señor les ayudará, porque Él es su Redentor. —El Señor hará que Jacob se vuelva
instrumento de trilla. Dios lo hará apto para usar, nuevo y con punzones agudos. Esto tiene
cumplimiento en los triunfos del evangelio de Cristo y de todos sus fieles seguidores sobre las
potestades de las tinieblas. Dios ha provisto consuelos para suplir todas sus necesidades y responder
todas sus oraciones. —Nuestro camino al cielo pasa por el desierto de este mundo. El alma del
hombre está necesitada y busca satisfacción; pero se cansa de buscar esto en el mundo, donde no lo
encontrará. Yo abriré ríos de gracia, ríos de agua viva, los que Cristo habló del Espíritu, Juan vii,
. Cuando Dios instala su Iglesia en el desierto gentil, habrá un gran cambio, como si los espinos y
los abrojos fueran convertidos en cedros, cipreses y bojes. Estas bendiciones son guardadas para el
pobre de espíritu que anhela la luz, el perdón y la santidad divina. Dios hará que sus almas estériles
sean fructíferas en las gracias de su Espíritu, para que todos los que vean puedan reflexionar.AMEN

jueves, 5 de noviembre de 2015

Un día de cada siete debe ser santificado.

“Acuérdate”,
demuestra que aquí no es la primera vez que se da, sino que era conocido antes por el pueblo. Un
día de cada siete debe ser santificado. Seis días se dedican a los asuntos del mundo, pero no como
para descuidar el servicio de Dios y el cuidado de nuestras almas. En esos días debemos hacer todo
nuestro trabajo, sin dejar nada por hacer para el día de reposo. Cristo permitió los trabajos
inevitables, y las obras de caridad y piedad; porque el día de reposo fue hecho para el hombre y no
el hombre para el día de reposo, Marcos ii, 27; pero están prohibidos todos los trabajos superfluos,
vanidosos, o darse el gusto en cualquier forma. Comerciar, pagar salarios, arreglar cuentas, escribir
cartas de negocio, estudios seculares, visitas superfluas, viajes o conversaciones livianas, no
guardan santo este día para el Señor. La pereza e indolencia pueden ser un reposo carnal, pero no
santo. El día de reposo para el Señor debe ser un día de descanso del trabajo secular, para reposar en
el servicio de Dios. Las ventajas de la debida observancia de este día santo, aunque solamente
fueran por la salud y la felicidad de la humanidad, más el tiempo que otorga para el cuidado del
alma, muestran la excelencia de este mandamiento. El día es bendito; los hombres son bendecidos
por él y en él. La bendición y la orden de guardarlo santo no se limitan a un séptimo día sino que se
dicen del día de reposo.Amen
 “Acuérdate”, demuestra que aquí no es la primera vez que se da, sino que era conocido antes por el pueblo. Un día de cada siete debe ser santificado. Seis días se dedican a los asuntos del mundo, pero no como para descuidar el servicio de Dios y el cuidado de nuestras almas. En esos días debemos hacer todo nuestro trabajo, sin dejar nada por hacer para el día de reposo. Cristo permitió los trabajos inevitables, y las obras de caridad y piedad; porque el día de reposo fue hecho para el hombre y no el hombre para el día de reposo, Marcos ii, 27; pero están prohibidos todos los trabajos superfluos, vanidosos, o darse el gusto en cualquier forma. Comerciar, pagar salarios, arreglar cuentas, escribir cartas de negocio, estudios seculares, visitas superfluas, viajes o conversaciones livianas, no guardan santo este día para el Señor. La pereza e indolencia pueden ser un reposo carnal, pero no santo. El día de reposo para el Señor debe ser un día de descanso del trabajo secular, para reposar en el servicio de Dios. Las ventajas de la debida observancia de este día santo, aunque solamente fueran por la salud y la felicidad de la humanidad, más el tiempo que otorga para el cuidado del alma, muestran la excelencia de este mandamiento. El día es bendito; los hombres son bendecidos por él y en él. La bendición y la orden de guardarlo santo no se limitan a un séptimo día sino que se dicen del día de reposo.  Cuando usted reconozca al buen pastor, ¡sígalo! Amen!Gloria a Dios

jueves, 23 de abril de 2015

Un cambio bendito ocurre en el estado del pecador cuando llega a ser un creyente verdadero.

 Un cambio bendito ocurre en el estado del pecador cuando llega a ser un creyente verdadero, haya sido lo que fuera. Siendo justificado por la fe tiene paz con Dios. El Dios santo y justo no puede estar en paz con un pecador mientras esté bajo la culpa del pecado. La justificación elimina la culpa y, así, abre el camino para la paz. Esta es por medio de nuestro Señor Jesucristo; por medio de Él como gran Pacificador, el Mediador entre Dios y el hombre. —El feliz estado de los santos es el estado de gracia. Somos llevados a esta gracia. Eso enseña que no nacemos en este estado. No podríamos llegar a ese estado por nosotros mismos, sino que somos llevados a él como ofensores perdonados. Allí estamos firmes, postura que denota perseverancia; estamos firmes y seguros, sostenidos por el poder de Dios; estamos ahí como hombres que mantienen su terreno, sin ser derribados por el poder del enemigo. Y los que tienen la esperanza de la gloria de Dios en el mundo venidero, tienen suficiente para regocijarse en el de ahora. —La tribulación produce paciencia, no en sí misma ni de por sí, pero la poderosa gracia de Dios obra en la tribulación y con ella. Los que sufren con paciencia tienen la mayoría de las consolaciones divinas que abundan cuando abundan las aflicciones. Obra una experiencia necesaria para nosotros. —Esta esperanza no desilusiona, porque está sellada con el Espíritu Santo como Espíritu de amor. Derramar el amor de Dios en los corazones de todos los santos es obra de gracia del Espíritu bendito. El recto sentido del amor de Dios por nosotros no nos avergonzará en nuestra esperanza ni por nuestros sufrimientos por Él. Cristo murió por los pecadores; no sólo por los que eran inútiles sino por los que eran culpables y aborrecibles; por ésos cuya destrucción eterna sería para la gloria de la justicia de Dios. Cristo murió por salvarnos, no en nuestros pecados, sino de nuestros pecados y, aún éramos pecadores cuando Él murió por nosotros. Sí, la mente carnal no sólo es enemiga de Dios, sino la enemistad misma, capítulo viii, 7; Colosenses i, 21. Pero Dios determinó librar del pecado y obrar un cambio grande. Mientras continúe el estado pecaminoso, Dios aborrece al pecador y el pecador aborrece a Dios, Zacarías xi, 8. Es un misterio que Cristo muriera por los tales; no se conoce otro ejemplo de amor, para que bien pueda dedicar la eternidad en adorar y maravillarse de Él. — Además, ¿qué idea tenía el apóstol cuando supone el caso de uno que muere por un justo? Y eso que sólo lo puso como algo que podría ser. ¿No era que al pasar este sufrimiento, la persona que se quería beneficiar, pudiese ser librada? Pero ¿de qué son librados los creyentes en Cristo por su muerte? No de la muerte corporal, porque todos deben soportarla. El mal, del cual podía efectuarse la liberación sólo de esta manera asombrosa, debe haber sido mucho más terrible que la muerte natural. No hay mal al que pueda aplicarse el argumento, salvo el que el apóstol asevera concretamente, el pecado y la ira, el castigo del pecado determinado por la justicia infalible de Dios. —Y si, por la gracia divina, así fueron llevados a arrepentirse y a creer en Cristo, y así eran justificados por el precio de su sangre derramada y por fe en esa expiación, mucho más por medio del que murió por ellos y resucitó, serán librados de caer en el poder del pecado y de Satanás, o de alejarse definitivamente de él. El Señor viviente de todos concretará el propósito de su amor al morir salvando hasta el último de todos los creyentes verdaderos. —Teniendo tal señal de salvación en el amor de Dios por medio de Cristo, el apóstol declara que los creyentes no sólo se regocijan en la esperanza del cielo, y hasta en sus tribulaciones por amor de Cristo, sino que también se glorían en Dios como el Amigo seguro y Porción absolutamente suficiente de ellos, por medio de Cristo únicamente. . La intención de lo que sigue es clara. Es la exaltación de nuestro punto de vista acerca de las bendiciones que Cristo nos ha procurado, comparándolas con el mal que siguió a la caída de nuestro primer padre; y mostrando que estas bendiciones no sólo se extienden para eliminar estos males, sino mucho más allá. Adán peca, su naturaleza se vuelve culpable y corrupta y así pasa a sus hijos. Así todos pecamos en él. La muerte es por el pecado, porque la muerte es la paga del pecado. Entonces entró toda esa miseria que es la suerte debida al pecado: la muerte temporal, espiritual, y eterna. Si Adán no hubiera pecado no hubiera muerto, pero la sentencia de muerte fue dictada como sobre un criminal; pasó a todos los hombres como una enfermedad infecciosa de la que nadie escapa. Como prueba de nuestra unión con Adán, y de nuestra parte en aquella primera transgresión, observa que el pecado prevaleció en el mundo por mucho tiempo antes que se diera la ley de Moisés. La muerte reinó ese largo tiempo, no sólo sobre los adultos que pecaban voluntariamente, sino también sobre multitud de infantes, cosa que muestra que ellos habían caído bajo la condena en Adán, y que el pecado de Adán se extendió a toda su posteridad. Era una figura o tipo del que iba a venir como Garantía del nuevo pacto para todos los que estén emparentados con Él. Por medio de la ofensa de un solo hombre, toda la humanidad queda expuesta a la condena eterna. Pero la gracia y la misericordia de Dios y el don libre de la justicia y salvación son por medio de Jesucristo como hombre: sin embargo, el Señor del cielo ha llevado a la multitud de creyentes a un estado más seguro y enaltecido que aquel desde el cual cayeron en Adán. Este don libre no los volvió a poner en estado de prueba; los fijó en un estado de justificación, como hubiera sido puesto Adán si hubiera resistido. Hay una semejanza asombrosa pese a las diferencias. Como por el pecado de uno prevalecieron el pecado y la muerte para condenación de todos los hombres, así por la justicia de uno prevaleció la gracia para justificación de todos los relacionados con Cristo por la fe. Por medio de la gracia de Dios ha abundado para muchos el don de gracia por medio de Cristo; sin embargo, las multitudes optan por seguir bajo el dominio del pecado y la muerte en vez de pedir las bendiciones del reino de la gracia. Pero Cristo no echará afuera a nadie que esté dispuesto a ir a Él. Por Cristo y su justicia tenemos más privilegios, y más grandes que los que perdimos por la ofensa de Adán. La ley moral mostraba que eran pecaminosos muchos pensamientos, temperamentos, palabras y acciones, de modo que así se multiplicaban las transgresiones. No fue que se hiciera abundar más el pecado, sino dejando al descubierto su pecaminosidad, como al dejar que entre una luz más clara a una habitación, deja al descubierto el polvo y la suciedad que había ahí desde antes, pero que no se veían. El pecado de Adán, y el efecto de la corrupción en nosotros, son la abundancia de aquella ofensa que se volvió evidente al entrar la ley. Los terrores de la ley endulzan más aun los consuelos del evangelio. Así, pues, Dios Espíritu Santo nos entregó, por medio del bendito apóstol, una verdad más importante, llena de consuelo, apta para nuestra necesidad de pecadores. Por más cosas que alguien pueda tener por encima de otro, cada hombre es un pecador contra Dios, está condenado por la ley y necesita perdón. No puede hacerse de una mezcla de pecado y santidad esa justicia que es para justificar. No puede haber derecho a la recompensa eterna sin la justicia pura e inmaculada: esperémosla ni más ni menos que de la justicia de Cristo. Cuando usted reconozca al buen pastor, ¡sígalo! Amen!Gloria a Dios

martes, 21 de abril de 2015

Cristo aprovechó la ocasión para enseñarle cosas divinas.

 Había mucho odio entre samaritanos y judíos. El camino de Cristo desde Judea a Galilea pasaba por Samaria. No debemos meternos en lugares de tentación, sino cuando debemos y, entonces, no debemos permanecer en ellos, sino apresurarnos a pasar por ellos. —Aquí tenemos a nuestro Señor Jesús sujeto a la fatiga normal de los viajeros. Así vemos que era verdadero hombre. El trabajo agotador vino con el pecado; por tanto, Cristo, habiéndose hecho maldición por nosotros, estuvo sujeto a ella. Además, era pobre y realizó todos sus viajes a pie. Cansado, pues, se sentó en el pozo; no tenía un cojín donde descansar. De este modo se sentó, como se sienta alguien cansado de viajar. Con toda seguridad debemos someternos rápidamente a ser como el Hijo de Dios en cosas como esas. —Cristo pidió agua a la mujer. Ella se sorprendió porque Él no demostró la ira de su nación contra los samaritanos. Los hombres moderados de todas partes son los hombres que asombran. Cristo aprovechó la ocasión para enseñarle cosas divinas: Convirtió a esta mujer demostrándole su ignorancia y pecaminosidad y su necesidad de un Salvador. Se alude al Espíritu con el agua viva. Con esta comparación se había prometido la bendición del Mesías en el Antiguo Testamento. Las gracias del Espíritu y sus consolaciones satisfacen el alma sedienta que conoce su propia naturaleza y necesidad. —Lo que Jesús dijo figuradamente, ella lo entendió literalmente. Cristo señala que el agua del pozo de Jacob daba una satisfacción de breve duración. No importa cuáles sean las aguas de consolación que bebamos, volveremos a tener sed. Pero a quien participa del Espíritu de gracia, y del consuelo del evangelio, nunca le faltará lo que dará abundante satisfacción a su alma. Los corazones carnales no miran más alto que las metas carnales. Dame, dijo ella, no para que yo tenga la vida eterna, propuesta por Cristo, sino para que no tenga que venir más aquí a buscar agua. —La mente carnal es muy ingeniosa para cambiar las convicciones e impedir que apremien, pero ¡nuestro Señor Jesús dirige muy certeramente la convicción de pecado a la conciencia de ella! La reprendió severamente por su presente estado de vida. —La mujer reconoció que Cristo era profeta. El poder de su palabra para escudriñar el corazón y convencer de cosas secretas a la conciencia es prueba de autoridad divina. —Pensar que desaparecen las cosas por las que luchamos debiera enfriar nuestras contiendas. El objeto de adoración seguirá siendo el mismo, Dios, como Padre, pero se pondrá fin a todas las diferencias sobre el lugar de adoración. La razón nos enseña a considerar la decencia y la conveniencia en los lugares de nuestro servicio de adoración, pero la religión no da preferencia a un lugar respecto de otro en cuanto a la santidad y la aprobación de Dios. —Los judíos tenían, por cierto, la razón. Quienes han obtenido cierto conocimiento de Dios por las Escrituras, saben a quién adoran. La palabra de salvación era de los judíos. Llegó a otras naciones a través de ellos. Cristo prefirió, con justicia, la adoración judía antes que la samaritana, pero aquí habla de lo anterior como algo que pronto se terminará. Dios estaba por ser revelado como el Padre de todos los creyentes de toda nación. El espíritu o alma del hombre, influido por el Espíritu Santo, debe adorar a Dios y tener comunión con Él. Los afectos espirituales, como se demuestran en las oraciones, súplicas y acciones de gracia fervorosas, constituyen la adoración de un corazón recto, en el cual Dios se deleita y es glorificado. —La mujer estaba dispuesta a dejar la cuestión sin decidir hasta la venida del Mesías, pero Cristo le dijo: Yo soy, el que habla contigo. Ella era una samaritana extranjera y hostil; el sólo hablar con ella era considerado como desprestigio para nuestro Señor Jesús. Sin embargo, nuestro Señor se reveló a esta mujer con más plenitud de lo que había hecho con cualquiera de sus discípulos. Ningún pecado pasado puede impedir que seamos aceptados por Él, si nos humillamos ante Él, creyendo en Él como el Cristo, el Salvador del mundo.  Cuando usted reconozca al buen pastor, ¡sígalo! Amen!Gloria a Dios     TEXTO BIBLICO 

Cuando Cristo dejó perplejos a sus enemigos.

 Las doctrinas de Cristo desagradan a los infieles saduceos y a los fariseos y
herodianos. Él lleva las grandes verdades de la resurrección y el estado futuro más allá de lo que se
había revelado hasta entonces. No hay modo de deducir del estado de cosa
s en este mundo lo que
acontecerá en el más allá. La verdad sea puesta a la luz clara y se manifieste con toda su fuerza.
Habiéndolos silenciado de este modo, nuestro Señor procedió a mostrar la verdad de la doctrina de
la resurrección a partir de los libros de Moisés. Dios le declaró a Moisés que era el Dios de los
patriarcas que habían muerto hacía mucho tiempo; esto demuestra que ellos estaban entonces en un
estado del ser capaz de disfrutar su favor y prueba que la doctrina de la resurrección es claramente
enseñada en el Antiguo Testamento y en el Nuevo. Pero esta doctrina estaba reservada para una
revelación más plena después de la resurrección de Cristo, primicia de los que durmieron. Todos los
errores surgen de no conocer las Escrituras y el poder de Dios. —En este mundo la muerte se lleva a
uno tras otro y así, termina con todas las esperanzas, los goces, las penas y las relaciones terrenales.
¡Qué desgraciados son los que no esperan nada mejor más allá de la tumba!
Un intérprete de la ley preguntó algo a nuestro Señor para probar no tanto su
conocimiento como su juicio. El amor de Dios es el primer y gran mandamiento, y el resumen de
todos los mandamientos de la primera tabla. Nuestro amor por Dios debe ser sincero, no sólo de
palabra y lengua. Todo nuestro amor es poco para dárselo, por tanto todos los poderes del alma
deben comprometerse con Él y ejecutados para Él. —Amar a nuestro prójimo como a nosotros
mismos es el segundo gran mandamiento. Hay un amor propio que es corrompido y raíz de los
pecados más grandes y debe ser dejado y mortificado; pero hay un amor propio que es la regla del
deber más grande: hemos de tener el debido interés por el bienestar de nuestra alma y nuestro
cuerpo. Debemos amar a nuestro prójimo tan verdadera y sinceramente como nos amamos a
nosotros mismos; en muchos casos debemos negarnos a nosotros por el bien del prójimo. Por estos
dos mandamientos moldeen, nuestro corazón.
. Cuando Cristo dejó perplejos a sus enemigos, preguntó qué pensaban del Mesías
prometido. ¿Cómo podía Él ser el Hijo de David y, sin embargo, ser su Señor? Cita el Salmo cx, 1.
Si el Cristo iba a ser un simple hombre, que sólo existiría mucho tiempo después de la muerte de
David, ¿cómo podía su antepasado tratarlo de Señor? Los fariseos no pudieron contestar eso. Ni
tampoco resolver la dificultad, a menos que reconozcan que el Mesías sea el Hijo de Dios y el
Señor de David igualmente que el Padre. Él tomó nuestra naturaleza humana y, así, se manifestó
Dios en la carne; en este sentido es el Hijo del hombre y el Hijo de David. —Nos conviene sobre
todo indagar seriamente: “¿qué pensamos de Cristo?” ¿Es Él completamente glorioso a nuestros
ojos y precioso a nuestros corazones? Que Cristo sea nuestro gozo, nuestra confianza, nuestro todo.
Que diariamente seamos hechos más como Él, y más dedicados a su servicio Cuando usted reconozca al buen pastor, ¡sígalo! Amen!Gloria a Dios